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Estuvo al borde de la muerte por COVID-19. Su nieta y su mamá fueron su faro para resistir.

Mabel Kroneberger estuvo internada en el hospital Artémides Zatti de Viedma, con un cuadro grave de COVID-19 que fue derivado desde Río Colorado el 23 de abril.

Tiene 59 años y es taxista de Río Colorado. El aislamiento domiciliario se convirtió en una derivación de urgencia a Viedma. «A mi marido le dijeron que duerma con el celular porque la noticia podía ser que me morí», recordó.

 Estuvo al borde de la muerte por COVID-19. Su nieta y su mamá fueron su faro para regresar.

Mabel Kroneberger estuvo internada en el hospital Artémides Zatti de Viedma, con un cuadro grave de COVID-19 que fue derivado desde Río Colorado el 23 de abril.

En la capital provincial pasó 12 días. Gran parte del tiempo creyó estar Bahía Blanca y sintió la angustia de no saber nada de su familia.

Mabel tiene 59 años, dos hijos varones y una nieta de 5. Es taxista de vocación. Aprendió a manejar a los 9 años en el campo y de grande quiso vivir de eso. Por eso puso una base con su marido.

Contó que no se dio cuenta cuando se contagió. Cerca del 12 de abril empezó con un resfrío leve. El 13 se sintió pesada y dejó de salir. Y el 16 dio positivo.

«Me dieron los remedios que se acostumbran, el antiparasitario y no sé cuántas cosas más. Me dijeron que tenía síntomas normales y que me quede en casa», comentó para señalar que pasaron los días y se empezó a quedar dormida, a respirar con dificultad.

«Yo no me daba cuenta. El 23 de abril mi familia llamó a la ambulancia… Si no fuera por eso… 20 minutos más, y no me salvaba», subrayó.

A partir de ahí, siguen recuerdos borrosos que tuvieron en vilo a su familia y que reconstruyó cuando pasó lo peor.

«A mi marido le dijeron la estabilizamos y en dos horas está de vuelta en casa. Se quedó esperando hasta que recibe un mensaje de mi hijo que le dice que estaba camino a Viedma, muy, muy grave. Después los médicos le dijeron que duerma con el celular al lado porque en cualquier momento la noticia podía ser que morí», relató.

«Estando despierta tenía blancos de cosas que pasaron. Sé que me senté en una silla de ruedas pero no recuerdo cuando llegué al hospital. Escuché que me dijeron te vamos a dormir, te vamos a intubar. Y no me enteré de nada hasta que me desperté en Viedma», comentó.

Luego de 12 días en terapia, el 4 de mayo finalmente la trasladaron a sala común y el 10 volvió a Río Colorado. La mayor parte del tiempo estuvo entubada y dormida. Estuvo en coma farmacológico varios días.

«Cuando yo creí que recién había llegado a terapia me estaba despertando de una semana de estar ahí. Ya me habían dado vuelta y yo ni me enteré. Me imaginaba que estaba en Bahía Blanca hasta que una médica me dijo que estaba en Viedma. Ya había pasado más de una semana», recordó.

Los días de internación

«Tengo recuerdos de sueños. Había fallecido un amigo y yo lo veía que venía a saludarme con su sonrisa. Me decía que no me iba a morir por mi nieta y por mi mamá que ya perdió una hija de cáncer. Yo me decía que no tenía que morirme para que ellas no pasen ese dolor. Esa era mi lucha cuando ya había salido de lo peor y no lo sabía. Me acordaba de mi papá, de mi hermana, de mi hija fallecida a las 17 horas de nacer. Pensás en todos, los que están y los que no están», agregó.

Durante los peores días de incertidumbre y de aislamiento, las enfermeras y los enfermeros fueron su cable a tierra. Aunque no todos, y lo quiso señalar.

«Tengo que agradecerles a algunos y hacer un comentario sobre otros. Algunos te atienden y chau pero otros tienen mucho calor humano. Y hay mucha diferencia entre la atención de unos y de otros. Para el paciente que está ahí, a lo mejor el calor humano vale más que la atención que te dan», manifestó.

Además, compartió el alivio que sintió cuando una médica le dijo que se comunicaba con su familia todos los días.

«Me emocionó porque no lo sabía. Fue importante saber que estaban todos bien y que ellos sabían cómo estaba yo. Venía pensando pero no preguntaba nada porque estaba intubada. Hablaba con señas pero no todos me entendían», indicó.

En el Zatti estuvo sola todo el tiempo. Cuando la pasaron a sala común su compañía fueron una mujer y su hija. Luego se enteró de que la mujer murió.

«La recuperación es dura»

«Estás sin poder hablar, sin poder caminar, sin poder ir al baño. Cuando salí de ahí caminaba apenitas y de a poquito fui avanzando en todo. Todavía estoy aprendiendo a caminar, a mitad de mi paso. Todavía no me levanto sin agarrarme de algo», describió.

Mabel contó que los primeros días sin los tubos del respirador no podía hablar pero de a poco se fue recuperando. Luego de un mes y medio, todavía está disfónica.

«Todavía no es mi voz. Hasta hace menos de una semana tosía un montón cada vez que hablaba», comentó para señalar que «la recuperación es dura».

Fuente. VDM Noticias

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